Cuando Tim League decidió que su 2008 Rolling Roadshow Tour traspasaría por primera vez las fronteras de Estados Unidos, desde su Texas de origen, para homenajear al maestro Sergio Leone, a los aficionados almerienses al cine, al western, a nuestro paisaje cinematográfico…nos tocó el gordo de la lotería; y a los numerosos aficionados europeos, el segundo premio, por aquello del largo desplazamiento que su tremenda afición por el western europeo les “obligaba” a hacer, al estar ante una ocasión única.
Los que llevamos años, desde una gran modestia, luchando por recuperar y reivindicar la gran importancia que ha tenido y debería seguir teniendo Almería en el panorama cinematográfico, no podíamos dar crédito cuando se nos ponía delante este reconocimiento mundial a la Trilogía del dólar, de Sergio Leone, nada más y nada menos que en los propios lugares de rodaje, a los que hemos peregrinado decenas y decenas de veces para repetir fotos una y otra vez y para escenificar la nostalgia de aquellos gloriosos días.
La presencia de Quentin Tarantino añadió en su momento el gran boom mediático que necesitaba el evento, ya de por sí impresionante. Días antes del inicio se anunció que Tarantino no podía asistir. Una pena, pero más pena supone aún que alguien haya dejado de venir por ese motivo: un error garrafal por su parte.
Leone, Eastwood, Wallach, Volonté, Lee Van Cleef, Morricone, Almería y sus míticos escenarios…¿alguien podía dudar si merecía la pena venir?
Nos presentamos a la primera cita varios miembros del foro almeria_cine; a la llegada al cortijo El Sotillo, la puesta en escena ya impresiona, con una pantalla hinchable de 14×9 metros, y un equipo de proyección y sonido excelente de la empresa Jarry. Todo está dispuesto dando la espalda a la escena inicial de Por un puñado de dólares, con la pantalla en el lugar en el que Joe bebe agua del pozo, y el edificio del cortijo El Sotillo, intacto, desde hace años hotel de cuatro estrellas, a nuestra derecha.
Evidentemente, la organización infravaloró el poder de la luz almeriense, y el comienzo de la película a las nueve de la noche era una quimera. Daba igual, pues fueron momentos especiales para ver por allí a personajes conocidos como el productor Tomás Cimadevilla, la directora Lola Guerrero, los escritores Carlos Aguilar y Anita Haas, que nos comentaban que esta próxima semana presentan en Italia el libro que, conjuntamente, han escrito sobre el actor John Phillip Law, quien no podrá asistir a la presentación de ese merecido homenaje, pues falleció en mayo pasado.
Tim League presentó el evento, comentó que es la primera vez que cuentan con esponsor en sus tours (Diputación de Almería, Ayuntamiento de Nijar-Nijar Film Office, por citar sólo a los locales); en estos que más nos atañen, deseamos fervientemente que cunda el ejemplo. Entre los varios centenares de asistentes, más de un tercio levantaron el brazo indicando que venían desde fuera de Almería. Dispuesto el público en espectadores VIP, madrugadores que pillamos silla de la organización y otro número similar que se acomodaba en sus propias sillas playeras o incluso en el suelo.
La película se ofreció en su versión americana, con subtítulos en español añadidos manualmente, frase por frase. Y eso cada noche de las tres.
El programa, el lugar, la predisposición del público, la noche climatologicamente perfecta…con esos ingredientes lo único que podía pasar es lo que pasó, con una concurrencia entregada, que coreamos con aplausos y jaleos desde los créditos iniciales hasta cada aparición del escenario en el que estábamos y cada respuesta sarcástica de Clint/Joe, con un final apoteósico…todo al más puro estilo de aquellas terrazas de verano en las que el cine era auténtica fiesta.
Cortijo ‘El sotillo’
Si bien es cierto que Quentin Tarantino no vino a Almería, algo suyo tuvimos aquí, pues las copias exhibidas de Por un puñado de dólares y La muerte tenía un precio eran de su colección particular.
Qué decir del día de Los Albaricoques; faltan las palabras. El patio de butacas era la propia era, la arena en la que el coronel Mortimer y el Indio se retan a muerte mientras el Manco hace sonar el famoso “carillon”. Ese día, el mejor sin duda para la mayoría de foráneos, por ser sábado, nos encontramos allí con un lleno hasta la bandera.
La grata espera hasta que la noche permitiera el inicio de la película nos permitió conversar con amigos del sector cinematográfico almeriense, como Pepe Collado, el responsable de la empresa de transportes y servicios cinematográficos Collado o Plácido Martínez, mítico sheriff del Minihollywood y desde hace tiempo en labores de producción también. Durante la charla queda patente que en Almería se sigue rodando y siguen llegando proyectos muy interesantes, pero es deseable una mayor coordinación entre las distintas administraciones para facilitar a las productoras el trabajo en nuestra tierra, en beneficio de todos.
Conocimos a auténticos frikis del espaghetti western, como Sebastian Haselbeck, llegado expresamente desde Alemania, y otros miembros de su foro, venidos desde Inglaterra. También superaba la decena el número de norteamericanos que se desplazaron para este evento.
Cimadevilla y un amigo, a pesar del calor de la noche, volvían a aparecer con sus vistosos ponchos, estos, a diferencia del de Clint, sí comprados en Nijar; pero esa noche la aparición estelar la protagonizó Nacho Vigalondo, que al día siguiente nos ofrecería una acertada presentación del El bueno, el feo y el malo.
Los Albaricoques nos estaba ofreciendo una puesta de sol increíble, cuando la monumental pantalla empezó a desplegarse con el Así habló Zaratustra: ¡impresionante!
En Los Albaricoques no cabía un alfiler: las sillas “oficiales”, las playeras, los poyetes de la era, las aceras, el suelo, un descapotable que se acercaba un poco en plan autocine.
La muerte tenía un precio es un deleite para los amantes de Almería y sus escenarios cinematográficos, y así quedó demostrado en las muestras de emoción que se sucedieron durante una noche inolvidable, en el propio lugar donde se rodó el más famoso duelo de la historia del cine.
La era de ‘Los albaricoques’
Quizás el cortijo no fue la elección adecuada para la proyección de esta película, sobre todo contando con que la empresa propietaria de la finca y edificio -por llamar a esta ruína con el respeto que merece- limitó a sólo 150 personas las que podían entrar en su propiedad. A pesar de los esfuerzos de los organizadores y de que se cortó el camino de acceso a partir de cierta hora, con el consiguiente descontento de muchos aficionados, a los que pareció no llegar bien la información, pues se comunicó sólo en la rueda de prensa, ni se supieron explicar bien los motivos de la limitación, allí nos congregamos más de doscientas personas, en una noche un poco ventosa, lo que en aquel desolado y bellísimo páramo se traduce en que pasamos un frío del carallo.
De nuevo dimos la espalda al escenario real -desconocemos los motivos- y se situó “el patio de butacas” mirando hacia las minas de oro, con el cortijo, “de cuerpo presente”, a nuestras espaldas. Además, en un sitio nada resguardado del aire. Suponemos que tendrá su explicación lógica.
Como almerienses, apasionados del cine y de nuestro parque natural, nos avergüenza que anoche los visitantes europeos y americanos vieran el estado en que se encuentra el edificio, que la empresa Agrícola La Misión acordonó convenientemente para evitar alguna desgracia si un curioso, con poca luz y desconocedor del lugar, se llega a despistar por las entrañas de este espectro de la cultura nijareña y almeriense , que ejemplifica como ningún otro lugar la desidia que se instala en la gran mayoría de nuestros políticos, reflejos, por otra parte, de la propia dejadez almeriense.
La duración de BFM hizo que nos dieran las tantas en aquel paraje fantasmagórico y mágico, mientras se sucedían escenas almerienses y burgalesas, que nos hicieron recordar las iniciativas de nuestros amigos de Salas de los Infantes (Burgos), que proyectaron hace dos años esta gran película, la mejor de la historia según Tarantino (razón por la que la copia que vimos el domingo se tuvo que traer de Inglaterra, pues Quentin no quiso “soltar” la suya). El recuerdo de una visita pasada a los escenarios de Burgos, nos ayudaba a soportar mejor el frío, pues ni de lejos lo podríamos comparar con el que haría en el fresquito verano burgalés cuando convirtieron el cementerio de Sad Hill en sala de cine estrellada y fiesta multitudinaria.
Tim League cerró este fin de semana inolvidable agradeciendo a todos los implicados su participación e invitando a algunos valientes VIP a iniciar la tercera fiesta del ciclo, esa noche, como la anterior, en el santuario gastronómico y cinéfilo en que ha convertido Manuel Hernández su Hostal Alba
Nosotros nos despedimos, no sin antes acercarnos a Tim para manifestarle nuestro más sincero agradecimiento por la iniciativa.
El Cortijo del Fraile